Enganchados a los videojuegos: La red suma tres actividades que engrosan la lista de adicciones: apuestas, porno y juegos

Escrito por el 22 octubre, 2018 en Adicciones, Blog | Comentarios desactivados en Enganchados a los videojuegos: La red suma tres actividades que engrosan la lista de adicciones: apuestas, porno y juegos

Noticia publicada por ANA MACPHERSON, BARCELONA   La Vanguardia  15/10/2018 

 

 

“Las finales de algunos videojuegos se celebran como un gran espectáculo que supera en seguidores a los clásicos campeonatos deportivos (Legue of Legends)”

La industria online es un negocio de 100.000 millones de euros. En estos momentos, un campeonato de uno de los juegos de moda, sus jugadores ante las pantallas, tiene más espectadores que la NBA. ¡La gente está pagando una suscripción por verlos!”, advierte MarcPotenza, psiquiatra experto en uso problemá-tico de internet de la Universidad de Yale (EE.UU.). Participó esta semana en una jornada sobre la adicción a la red que convocó el hospital de Bellvitge y el instituto de investigación Idibell y recalcó cuál es el escenario: mucho dinero en juego para conseguir sujetar ante la pantalla el mayor tiempo posible al mayor número de personas posible.

En la unidad de juego patológico y adicciones comportamentales(que incluye hoy juego con apuestas on line, porno, compras, videojuegos… la lista va creciendo), sigue siendo el jugarse dinero la principal adicción: más del 80% de los pacientes, uno de cada tres por apuestas deportivas instantáneas con el teléfono.

“Nada me salía bien; en cambio, jugar siempre me daba satisfacción; un sustituto, doce horas al día”

Pero la adicción al videojuego ya escala puestos: el 3% de las personas que buscan ayuda allí son adictos a los Lol, Wow o Fornite. Por ese motivo la Organización Mundial de la Salud (OMS) prevé incluir en su compendio de dolencias la adicción a los videojuegos como un problema de salud que se ha de tratar y prevenir y miles de investigadores en todo el mundo, sobre todo en países asiáticos, buscan evidencias que permitan clasificar correctamente cuál es el problema en cada uso problemático de internet para hablar de tratamientos, prevención y regulación.

“El número de nuevos pacientes crece y cada vez, más jóvenes”, indica Susana Jiménez, la psiquiatra que coordina la unidad de Bellvitge. Porque en un equipo como el suyo, los problemas tardan en llegar, hace falta cierto tiempo para arruinarse con el juego o identificar que uno está enganchado a una actividad que le perjudica seriamente.

Los expertos reclaman responsabilidad a las administraciones y alguna regulación

Pero el proceso se está acelerando. Engancharse a los videojuegos de forma peligrosa es más fácil cuando la oferta es siempre con multijugadores, porque cuando subes de nivel, los otros participantes son de cualquier huso horario. Desaparecen los horarios, dejas de dormir por la noche, ya no rindes al día siguiente, todo empieza a ir mal, el entorno familiar se rebota… “Al final sólo estás bien cuando juegas”. Así lo explicó un joven ingeniero informático en las jornadas de Bellvitge. “Empecé con la videoconsola de mi hermano. Los videojuegos durante la adolescencia eran algo bueno. Incluso tenía un componente social. Quedábamos con los amigos”. Se transformó en otra cosa cuando empezaron a ir mal las cosas en el instituto. “El esfuerzo que hacía para sacar adelante el curso no tenía resultados, el videojuego en cambio siempre me daba satisfacción. Se convirtió en un sustituto. Doce horas al día”.

Esa inmediatez del éxito, esa recompensa instantánea está en la base de cualquier conducta adictiva, en el juego de apuestas, en los videojuegos o en las sustancias habituales. “Pero la respuesta cerebral a la recompensa es específica en los videojuegos y la industria se ha ido especializando”, explica el psiquiatra Marc Potenza.

El joven informático explica cómo pasó rápidamente a jugar doce horas al día. “En la peor época me enganché a un juego masivo en el que interactuabas con mucha gente. El bachillerato se fue a pique, dejé de ir a clase”. Aparecieron las consecuencias. “Me agobiaban las relaciones sociales, físicamente llegué a tener agujetas al subir las escaleras, además de ganar peso. Hacía una vida absolutamente sedentaria. Me costaba hasta caminar, no exagero”. Empiezan a alterarse funciones ejecutivas, las que permiten planificar, organizarse, inhibir una conducta en un momento dado, explican los psiquiatras. Cuando se analiza en reposo el cerebro, esta adicción muestra rasgos distintos que la de sustancias tóxicas. “Pero en ambas hay una afectación de la conectividad que explica uno de los rasgos de cualquier adicción, un mal control de la conducta. Y cuando se interviene y se da tratamiento, se consigue reducir el deseo imperioso de jugar y es visible en el cerebro”, indica el psiquiatra de Yale. “Tenemos que ofrecer tratamiento y saber que es posible prevenir”.

“Mis padres se enfadaban porque no iba al instituto ni hacía nada productivo. Todo lo obtenía del juego”, explica el informático. Les reprocha la incomprensión de esa época, “me hacía falta ayuda que no tuve. Pero no estaba suficientemente mal. Era consciente del daño que me hacía, pero durante ese instante estaba bien. Me sentía realizado”.

“Los padres tienen que hablar de esto con los hijos, sobre todo, saber qué pasa, a qué juegan, cuánto tiempo dedican a cada cosa. No es lo mismo ver la tele que un videojuego. Hay patrones saludables de uso de internet y es importante que los padres sepan”, recalca el psiquiatra de Yale. Y cita señales de alarma que permiten acotar el problema y evitarlo: cuando dejan de ver a los amigos, están más aislados, muestran prisas por comer e irse a la habitación o incluso cuando comen en ella, y baja el rendimiento escolar.

Se dio cuenta de golpe, “de la misma manera que empecé a jugar. Te das cuenta de la suma de consecuencias. Y entonces decidí dejarlo. Cancelé la suscripción, envié un mensaje al foro. No volví a jugar hasta mucho tiempo después.
No sufrí por la abstinencia. Sólo tenía muchísimo tiempo sin saber qué hacer en todo el día. Mejor dejarlo de golpe. Lo difícil es reestructurar tu forma de pensar y tu vida. Que te sientas satisfecho, recompensado por el esfuerzo con otras cosas”.

Terminó el bachillerato, la carrera, un máster… “Pero la industria es muy perversa”, advierte. “El otro día escuché a un desarrollador de juegos explicar cómo recogen todos los datos de nuestras partidas para estudiar como maximizar los micropagos. Están diseñados para frustrar y exprimir. O tienes que pagar para desbloquear contenidos con una especie de máquina tragaperras. Lo de hoy no tiene nada que ver con aquellos juegos de consola”.

Los expertos reunidos en Bellvitge manifiestan la necesidad de una regulación, como se ha hecho por ejemplo en el tabaco y se empieza con las apuestas. Para identificar prácticas que inducen la adicción en apuestas, en videojuegos o en porno, “que hoy supone entre el 10% y el 30% del tráfico en internet y crece el número de niños entre 7 y 10 años que han visto”, advierte Potenza. “Las administraciones, y no sólo la industria y los propios individuos, tienen una responsabilidad en el uso problemático de internet”, añade.