¿Cómo prevenir a mis hijos/as de los consumos cuando yo he sido consumidor de drogas fiscalizadas?

Artículo extraido de  las drogas.info de la sección de opiniones por  David Pere Martínez Oró (Doctor en Psicología Social) |  Marzo 2017 Del tabú a la prevención basada en la normalización El proceso de normalización de las sustancias fiscalizadas acaecido en las dos últimas décadas ha provocado múltiples consecuencias, tanto en las políticas de drogas como en las estrategias de prevención y asistencia. En el presente texto quiero abordar una de estas consecuencias, aunque bastante disimulada para las miradas profesionales, pero que considero de suma importancia para mejorar las estrategias preventivas dirigidas a las familias. Estoy hablando de las madres y los padres que son o fueron consumidores de drogas, mayormente de cannabis. Lo que sigue a continuación no deja de ser una compilación, breve y seguramente insuficiente, de las ideas principales del libro «Del tabú a la normalización. Familias, comunicación y prevención del consumo de drogas». La irrupción de los consumos recreativos de drogas entre la juventud española convirtió a la familia en el baluarte antidrogas. Se la conceptualizaba como la institución más importante a la hora de proteger a sus vástagos de la terrible amenaza que suponía «la Droga». Durante los setenta, ochenta y novena, los padres y madres de los adolescentes y jóvenes estaban extremadamente alejados de la realidad de los consumos de drogas. Su ocio juvenil había sido escaso, por no decir nulo, y las únicas sustancias conocidas era el alcohol y el tabaco. La única información disponible era la ofrecida por los medios de comunicación en clave tremendista y alarmante. El miedo era la emoción inoculada para entender el fenómeno de las drogas y el rechazo la única estrategia viable para mantener las drogas alejadas de los hijos/as. Las miradas tremendistas sobre las drogas provocaron que en el seno familiar se construyera un tabú sobre las drogas. Los padres y madres decían «no os droguéis» y la única opción válida para la descendencia era hacerlo o hacer ver que se abstenía. En ocasiones, el tabú era (y aún es así en algunas familias) tan acentuado que casi no hacía falta decir nada «porque ya estaba todo dicho». Este tipo de lecturas provoca que la cuestión de las drogas se convierta en un asunto de orden moral. El bien es abstenerse y el mal drogarse. Por tanto, los hijos/as consumidores de las familias donde reinaba el tabú se quedaban desprovistos del apoyo familiar, y más allá de esto, las madres y los padres se convertían en «policías caseros». Cuando la cuestión de los consumos planeaba por la vida familiar, entonces empezaban el juego del gato y el ratón: los hijos escondían su relación con los psicoactivos y los padres/madres estaban al acecho de cualquier indicio que los delatase....

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