Alerta ante la banalización del consumo de marihuana

    La Sociedad Científica Española para el estudio del Alcohol y las Drogas, SOCIDROGALCOHOL, alerta sobre las múltiples evidencias científicas que prueban que el consumo de marihuana puede producir daños para la salud corporal y también para la salud mental.El consumo de marihuana puede producir: ADICCIÓN, que induce un aumento progresivo de su consumo en cantidad y frecuencia, lo cual redunda en una mayor TOXICIDAD. Cuando una persona consumidora de marihuana intenta dejar de consumirla pueden aparecer síntomas de abstinencia, del tipo irritabilidad, mal humor, insomnio, disminución del apetito, ansiedad y deseo intenso de fumar nuevamente; que suelen persistir durante varios días y que pueden conducir a un nuevo consumo, intensificando de este modo la conducta adictiva de fumar marihuana. El 10 por ciento de las personas que han fumado marihuana desarrollan un consumo excesivo o incluso una adicción, asociados a consecuencias negativas. Deterioro de la coordinación motora y la toma de decisiones, funciones imprescindibles para poder conducir con seguridad, aumentando al doble el RIESGO de ACCIDENTES de tráfico, laborales y domésticos. Un riesgo que se multiplica, cuando el fumador de marihuana ha ingerido además bebidas alcohólicas, medicamentos tranquilizantes, pastillas para dormir u otras drogas. Disminución de las capacidades de CONCENTRACIÓN, MEMORIZACIÓN y APRENDIZAJE, todas ellas imprescindibles para poder estudiar y para poder realizar la mayoría de trabajos. Esto favorece el DETERIORO del RENDIMIENTO ACADÉMICO, LABORAL y también DEPORTIVO, sobretodo en jóvenes y adolescentes. Un incremento en la probabilidad de aparición de SÍNTOMAS PSICÓTICOS, como ideas delirantes persecutorias y trastornos perceptivos, sobretodo en personas predispuestas a ello. Aumenta también la probabilidad de padecer depresión y crisis de angustia e interfiere en la recuperación de pacientes en tratamiento por estos trastornos psiquiátricos. Aumento de la probabilidad de abusar de otras drogas, incluido el alcohol. Las personas que fuman “porros” suelen hacer también “atracones” de bebida y es más probable que consuman otras drogas, como cocaína. Y, para las personas que han desarrollado adicción al alcohol o las drogas, el consumo continuado de marihuana puede interferir en la recuperación de su adicción a estas sustancias. Asimismo, es importante advertir algunos aspectos: Como ocurre con cualquier droga legal o ilegal, la mayor o menor accesibilidad a la sustancia es determinante para aumentar o disminuir el consumo. En nuestro país, la fácil accesibilidad al cannabis constituye un factor facilitador tanto del inicio en su consumo a edades tempranas, como del elevado número de consumidores. España es uno de los países europeos en los que la accesibilidad percibida por los jóvenes es de las más altas. Por este motivo, aquellas medidas que llevan a disminuir el acceso de los adolescentes al cannabis deben ser especialmente bienvenidas y puestas en práctica. Los procedimientos de selección del cultivo de plantas que producen la marihuana...

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El abuso de la cocaína grave problema en Países del mundo occidental

La adicción a la cocaína es uno de los mayores problemas en Países del mundo occidental en general, tan importante como la infección por VIH. En 1998 se ha reconocido en Estados Unidos, que el abuso de cocaína en la gestación es uno de los principales problemas de salud, por los gastos que demanda la atención obstétrica y neonatal, que corresponden a 3 veces los de un niño no expuesto a drogas. DROGADICCION EMBRIO-FETAL POR ABUSO DE PASTA BASE DE COCAINA DURANTE EL EMBARAZO La adicción  a la cocaína es uno de los mayores problemas en Países del mundo occidental en general, tan importante como la infección por VIH. En 1998 se ha reconocido en Estados Unidos, que el abuso de cocaína en la gestación es uno de los principales problemas de salud, por los gastos que demanda la atención obstétrica y neonatal, que corresponden a 3 veces los de un niño no expuesto a drogas. Las consecuencias más importantes  para la descendencia son: el retardo de crecimiento intrauterino, bajo peso de nacimiento, alteraciones neurológicas, aumento de la morbilidad y mortalidad infantil, especialmente la perinatal. Además, existen complicaciones obstétricas en las embarazadas adictas a sustancias psicoactivas, en especial: desprendimiento prematuro de placenta, rotura prematura ovular, partos prematuros y enfermedades de transmisión sexual. Estos riesgos fetales aumentan más aún si se asocia la cocaína a otras drogas como marihuana, alcohol, benzodiacepinas, anfetaminas, etc. Entre las drogas legales de uso más frecuente está el alcohol, que asociado con cocaína durante la gestación, origina el síndrome de cocaína y alcohol fetal en el que se potencian los rasgos clínicos de ambos síndromes especialmente los cráneo-faciales y también algunas malformaciones mayores: cardiacas, renales, cerebrales. En el abuso de cocaína  fetal lo que más destaca son las malformaciones genitourinarias, esqueléticas y respiratorias. Todos estos defectos se atribuyen a la acción vasoconstrictora de la cocaína, tanto en la madre como en el feto. Requirieron hospitalización como recién nacidos 21 niños, cuyas causas fueron: lúes congénita (7%), bajo peso de nacimiento (7%) y asfixias severas (7%). Las características clínicas de los 100 RN hijos de madres consumidoras son rasgos cráneo- faciales fueron semejantes a los con síndrome alcohólico fetal. Destaca en los niños la hipoplasia medio facial y surco nasolabial ausente; 21% de los portadores de microcefalia eran hijos de madres consumidoras de pasta base sin alcohol. Diecisiete por ciento de los niños con microcefalia eran descendientes de consumidoras de pasta base y alcohol. 93% de los pacientes presentaron alteraciones neurológicas. Sólo 45% de estos niños fueron seguidos regularmente por neurólogos o pediatras. Los rasgos clínicos más frecuentes en los 34 niños con más de 1 año de seguimiento fueron: hiperactividad (78%), retraso del desarrollo psicomotor (67%), trastornos del sueño (44%), agresividad...

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¿Qué es la dependencia psicológica?

Todos nacemos física y psicológicamente dependientes de nuestros progenitores, pero el éxito de la educación consiste precisamente en que el hijo alcance el mayor grado posible de autonomía en un marco de empatía y solidaridad con los demás. La dependencia es el elemento nuclear de muchísimos problemas y trastornos: relaciones de pareja machistas con o sin violencia física, inmadurez emocional, drogodependencias, determinados trastornos de personalidad, incapacidad de emancipación, dificultades en el manejo de las propias discapacidades o dificultad de organizarse con otros iguales para alcanzar objetivos comunes. Ser o actuar de modo dependiente forma parte del conjunto de lo que podemos denominar como relaciones verticales entre las que se incluyen la propia dependencia, la obediencia o el sometimiento, en las que uno está arriba y el otro abajo, por así decirlo. En cambio, las relaciones horizontales son las que permiten establecer relaciones de colaboración y cooperación entre iguales. Esta geometría de las relaciones es variable, y se adquiere en el entorno más cercano. Nos referimos a lo que aprendemos de pequeños sobre lo que significa conceptos como los siguientes: ser autónomo o dependiente; asumir o no responsabilidades; tener criterio propio para juzgar y tomar decisiones o depender siempre de otro; y mantener una actitud pasiva o proactiva ante los acontecimientos de la vida y ante la vida misma. Hay quien se mueve mejor en un tipo de relaciones que en otro, pero hacerlo exclusivamente en las verticales siendo uno una persona adulta puede resultar peligroso. Una manera de definir la dependencia es la de una situación de subordinación a un poder que se percibe como mayor que uno mismo. Por ejemplo, en el caso de la dependencia emocional, lo habitual es que al menos al principio se considere a la otra persona como un ser superior, especial o ideal. Con el tiempo, la opinión puede cambiar, pero al intentar abandonarla, se produce síndrome de abstinencia, como en la adicciones y, a la larga, también indefensión y baja autoestima debido a los intentos fracasados de dejarlo. Pero la superioridad del poder del otro es un error de percepción del dependiente, que es precisamente quien le ha otorgado ese poder. También conviene desterrar de una vez por todas la supuesta relación entre enamoramiento y dependencia emocional, aunque durante este proceso se tienda a idealizar al ser amado. En la dependencia, lo que se produce es una dificultad para relacionarse en el plano de igualdad y una inclinación muy fuerte por las relaciones verticales que van desde la admiración a la sumisión: “No sabría dar un paso sin él”. En sentido contrario, pero sin abandonar el eje vertical, la persona dependiente también puede crear relaciones de dependencia hacia ella, con los hijos,...

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